Miércoles de recalentado
miércoles de no hacer cosas importantes
La mesa se mueve, estoy en el Quentin, me pedí un té verde. Estoy en posición jorobada, traigo unos shorts negros de ejercicio, un suéter de pana color beige con cierre de Uniqlo y estoy despeinada. Cara lavada, crema y bloqueador. Me duele la garganta. La mesa se mueve mas por estar escribiendo. (Escribí todo esto primero en mi journal y lo pasé a la laptop después). Tengo los labios secos; no meto mi Chapstick a la bolsa. La pluma con la que estoy escribiendo me la prestaron en la barra, tiene el branding de un hotel en Acapulco.
Hay dos mujeres más: una enfrente de mí, con su laptop, hablando por teléfono en altavoz; y la otra, a mi lado izquierdo, con unos documentos en la mesa. Pienso: “estarán haciendo cosas más importantes que yo”. Probablemente si.
Yo estoy sentada pegada a la pared, escribiendo esto. No me gustó la taza: está grande y no tiene agarradera. Mis manos están muy chiquitas y, si la quiero agarrar con una mano mientras escribo, me pesa. Se me chorreó el té en la mesa y lo limpié con los dedos. Son las 12:12 p. m. La que está enfrente de mí empieza a escuchar las notas de voz en fuerte... como si no se pudieran escuchar con el cel pegado al oído. Ahora todos tenemos que escuchar su conversación. Me le quedo viendo varias veces para que capte, y hace como que no me ve.
Aparte, no hay otros ruidos en el café, más que los ordinarios (que son los que más me gustan, y por eso no me pongo audífonos): las tazas que chocan, el ruido del espumador de la máquina de café que se escucha cuando espuman la leche, las personas ordenando su café y sus diferentes acentos, un músico que pasa por la calle, los pájaros de fondo.
Llega otra mujer, se sienta al lado de mí con su cel y su pan de muerto. No deja de teclear y mandar mensajes, pero cada vez que manda uno se escucha el sonido del mensaje. Me desespero y la volteo a ver cada vez que se escucha, para ver si capta que claramente ese sonido me molesta. Creo que yo estoy intolerante, pero es que yo sí me fijo mucho en la contaminación de ruido. No sé, a lo mejor es un grado de autismo o el jet lag.
Ya llevo media taza de café. Ya me dio calor. Pusieron música de fondo. Me acordé de cómo me puse de malas en la mañana, después de ya haber escrito y estar en modo zen... El desodorante aerosol de Gabo (mi ahora esposo), por el que llevo discutiendo desde hace dos años que vivo con él... ¡apesta! Y me dice: “¿Quién se despertó de malas hoy?”. Lo cual me puso más de malas. “Gabo, llevo dos años diciéndote que odio ese desodorante”.
Es ese desodorante que, cuando se lo echa, se hace una nube blanca grande que hasta te quieres tapar los ojos porque te arde si vas pasando, y aparte huele a kilómetros y se queda oliendo mucho tiempo... ¡Y LO SABE! Pero bueno, ayer pedimos tacos que no nos cenamos, entonces habrá recalentado... miércoles de recalentado.


