Los cajones que ahora extraño
Visítame en mis sueños y cantemos limón y sal.
Me han dicho que la muerte no existe, que uno solo trasciende del plano físico y deja su cuerpo para seguir su evolución. Que uno deja el disfraz que le prestaron, o el que eligió usar, para venir a esta dimensión.
Pues no sé.
Solo sé que, por más que imaginara lo que era la muerte, jamás pensé que se sintiera tan rara, tan incómoda, tan desconocida.
Papá:
Que ya no estés aquí es como extrañar la casa donde me viste crecer. Es extrañar “el cajón del agujero”; así le decíamos al cajón donde mi mamá guardaba todo tipo de papelitos, cintas, marcadores nuevos y post-its. Quiero que mi mamá se ponga el disfraz de chango que tenían escondido en el clóset y nos asuste. Quiero verte llegar de trabajar y decirte: “Lo estás haciendo muy bien y estoy muy feliz de ser tu hija”. Quisiera haberte escrito más cartas, darte más besos, regalarte más dibujos, decirte el increíble ser humano que eres.
No verte es pensar que quiero volver a dormir en mi primera cama y saber que ya no está, ni tampoco la cobija de la sirenita que tanto me arropaba. Quiero abrir “el cajón de los disfraces”, donde mi mamá guardaba todos los vestuarios de los festivales y de Halloween. Quiero ponérmelos todos.
Ya no poder verte es acordarme de que fueron muy pocas las veces que me quedé dormida en tu cama y me cargabas para llevarme a la mía. Me acuerdo de escuchar tu respiración mientras me subías por las escaleras. Quiero volver a ver películas de vaqueros texanos contigo.
La forma en que me veían tus ojos fue el regalo más grande que me pudiste haber dado, y no me había dado cuenta. Gracias a la manera en que me veías, elegí casarme con un hombre que también me ve. Que me ve por quien soy y que me impulsa a ser más de lo que yo quiera ser. Y, como tú me decías: “Te conozco y te veo más de lo que imaginas, mi reina”.
Gracias por decirme a tantas cosas que “no”. Gracias por las muchas veces que fueron “si”.
Papá, hoy hubieras cumplido sesenta y cinco años. Han pasado tres meses desde que te fuiste y, por más cerca que te siento, nadie puede entender las ganas que tengo de abrazarte, de verte, de escucharte.
Si de alguna manera estás presenciando mi duelo desde otro plano, dame la fuerza para llevar esto de la mejor manera. Visítame en mis sueños y cantemos limón y sal, como en mi vals. Hazme saber que estás aquí.
Honro tu vida, y te amo con toda mi alma Papá hermoso.





te leemos mele y yo
love u
🤍🤍🤍